Al conmemorarse el Día de Muertos, muchas personas piensan en los seres queridos que ya no están y se hacen preguntas sobre qué sucede con su dinero en los bancos una vez que han fallecido. Se plantea la forma de asegurar que los fondos estén disponibles para cubrir gastos funerarios o para atender necesidades de los descendientes. Un experto en finanzas del Tec de Monterrey menciona que desea que sus recursos estén al alcance de su familia al morir, tanto para los servicios de sepelio como para otras obligaciones. La gestión de una cuenta bancaria después de la muerte del titular implica varios pasos: primero, la notificación a la institución; luego, la verificación de si se designó un beneficiario; y, en su defecto, la apertura de un proceso sucesorio ya sea testamento o legítima. Si existe un beneficiario, basta con presentar identificación y el acta de defunción para que el banco libere los recursos, lo que suele tardar alrededor de quince días en revisar la documentación. Cuando no hay beneficiario designado, los herederos deben seguir el trámite sucesoral, que puede realizarse ante notario o ante tribunal familiar. En caso de que una cuenta quede sin movimiento durante tres años, la ley permite que el saldo se transfiera a una cuenta global y, tras otros tres años, pase a beneficio del Estado, siempre que no supere ciertos límites establecidos en unidades monetarias actuales. Para cuentas en sociedades de ahorro y crédito, el plazo de inactividad es mayor, diez años, con un límite distinto. Los especialistas recomiendan comunicar a los familiares quiénes son los beneficiarios designados para evitar demoras y pérdidas. Finalmente, se invita a los lectores a enviar sus consultas a la sección de finanzas para recibir asesoría.