La conclusión de una relación laboral puede adoptar distintas formas, y cada una tiene efectos jurídicos y económicos diferentes. La renuncia es la decisión voluntaria del trabajador de separarse del empleo. La rescisión, en cambio, supone una terminación por una causa prevista en la ley o en el contrato, generalmente vinculada al incumplimiento de obligaciones. El despido es la separación decidida por el patrón, que puede ser justificado o injustificado.
Distinguir entre estos supuestos es clave porque determina aspectos como la indemnización, el finiquito, la posibilidad de reclamar ante las autoridades laborales y los plazos para hacerlo. El análisis de estas reglas permite identificar cuándo una salida es voluntaria, cuándo existe una causa de rescisión y cuándo se trata de un despido.